jueves, 5 de septiembre de 2019

Vengo salido del abismo, entiende que me cueste volver a creer en mí mismo

A veces siento que estoy dando o demostrando mucho más de lo necesario, mientras que otras veces pierdo la noción y dejo de entender por qué cuantificamos o medimos lo que damos. ¿A caso hay un estándar universal de cuánta es demasiada demostración? ¿Por qué insistimos en dosificar lo que sentimos como si fuese algo realmente malo? En este mundo tan banal y vacío, es un lujo sentir algo lindo por alguien. Y hablo en términos abstractos, me refiero a sentir una energía que nos llena los momentos de felicidad. No se miden tiempos, intensidades, ni mucho menos deberían encasillarse los sentimientos.
¿Por qué tanto miedo a sentir? ¿Por qué más miedo a transmitir? ¿Por qué tanta expectativa?
Ojalá fuese más fácil mirarnos a los ojos y decirnos lo felices que nos hace compartir nuestro tiempo, independientemente de cuánto sea ni de en qué condiciones.
Decirnos que nos apreciamos y que nos disfrutamos, que nos gustamos. Sin que nadie se espante ni ponga en tela de juicio el sentir del otro, sin que nadie se asuste ni sienta ninguna atadura.
No decir, no transmitir, no demostrar, termina generando dudas y miedos aún más profundos...
¿Quedarse estático por no quedar como un tonto, por no sentirnos inferiores en condiciones de amor?
No pretendo que quieran nada de mí, salvo a mí. No pretendo nada, sólo dejarme llevar y dejar de temer.
No pretendo nada salvo identificar mi ego, mi orgullo, y hacerlos desvanecer al mismo tiempo que admito lo que siento.

El amor es universal e informe. Amor es todo.












Florencia