viernes, 29 de abril de 2016

Instinto Animal @Zpu / #FelizDíaDelAnimal


[ Mírame a los ojos, en mí no hay vanidad, 
todo lo que tengo es mi libertad, 
mírame de frente, soy igual que tú, 
también siento miedo, tiemblo igual que tú. ]

Quisiera sumergirme acompañar las olas, 
y divertirme hacer parábolas nadar a solas, 
sentirme libre a todas horas explorar mil zonas, 
usar mi sónar, en fin, 
tener las cualidades de un delfín. 
Surcar ese confín remoto 
con mil como yo, protegido, 
guiar mi dirección con un silbido, 
mi sonido es nítido, navega por el líquido kilómetros, 
y guardo siempre a algún barco perdido. 
Yo podría haber nacido en otra piel, 
la de ese cocodrilo que decora la maleta de tu hotel, 
la de ese perro fiel que abandonaste en la sombra, 
quizá sería aquel que en tu suelo es una alfombra. 
¿Y acaso eres mejor? Si careces de garras de tigre, 
te agarras a la libertad y no eres libre, 
yo recorro la sabana en la africana estepa, 
algún rugido de socorro al ver un forajido y su escopeta. 
Quiero trepar a los árboles ir de copa en copa, 
sentarme plácido bajo un sol que me arropa, 
¿acaso puedes galopar por los prados de Europa? 
notar la lluvia mojarte hasta estar hecho una sopa. 
No caben esos prejuicios solo instinto animal,
si nos miras distinto será tu ser racional, 
pero quien tiene razón si el corazón se nubla, 
solo haz una reflexión verás quien vive en una jungla

[ Tiemblo igual que tú, 
no puedo alzar mi voz sin ti, 
pero hay algo que te tengo que decir, 
tiemblo igual que tú, 
más allá de la razón, 
también siento, guardo dentro un corazón. ]

He soñado tantas veces con surcar el cielo, 
he planeado planear sobre el viento en este vuelo, 
que lo anhelo si me alejas, 
y cejará mi canto si me vejas, 
y volveré a ser yo si me dejan estas rejas. 
¿quién dicta prisión para un corazón suave? 
¿qué clase de compasión me encierra bajo llave? 
¿puedo ser un ave? Quiero rozar esa nube 
puede que tú me degrades mas ¿por qué no subes a mis altitudes? 
He aquí una de mis virtudes tengo muchas más, 
¿por qué no escuchas más? 
así quizá me oirás, somos iguales, 
siente las señales naturales más reales en el reino de los animales. 
Del lobo a los marsupiales, del halcón a la serpiente, 
todos plurales tú contracorriente, 
¿será que tu gran mente hace que me menosprecies? 
hermanos masacrados la extinción de mi especie. 
¿Y qué ciego no me ve cuando mira mis ojos 
y mata a mis hijos, y me pone cerrojos? 
¿cuántos mares teñidos de rojo ahogan mis penas? 
si eres tú la hiena o ¿no corre sangre por mis venas? 
Y en apenas una década menguó mi manada, 
hoy el prado es arena otra colmena quemada, 
otra ballena cazada, a manos del humano, 
otro pelícano bañado en crudo muere temprano. 

 [ Tiemblo igual que tú, 
no puedo alzar mi voz sin ti, 
pero hay algo que te tengo que decir, 
tiemblo igual que tú, 
más allá de la razón, 
también siento, guardo dentro un corazón. ]

Yo también camino sobre el agua helada, 
cuido a mi manada como si fuera mi vida en ello, 
lucho sin espada, mi alma está ligada con todo lo bello, 
yo no estoy encima estoy al lado de cada mirada. 
Hay algo tan puro en ti, que no admitirlo es negarme, 
no saber ver el alma que hay bajo la carne, 
nos une el agua, el fuego, la tierra, la sangre, 
solo hay un enjambre y yo voy a quedarme.

miércoles, 20 de abril de 2016

jueves, 7 de abril de 2016

La distancia te da claridad. Durante el subidón no te das cuenta, te nublás. Consultarlo con la almohada, con un libro, con un cantante. Ninguno de ellos te dirá nada, te lo dirás vos mismo al volverte a encontrar. Es cuestión de alejarse, de cerrar los ojos y volverlos a abrir, es volver a leer aquel poema que escribiste con la cabeza en las nubes. Es volver a pensar en las palabras que dijiste en un momento de furia. Es volver a echar un simple vistazo, pero con los ojos de quien pareciera ser otra persona dentro nuestro. Con los ojos de quien esperó para volverse a cuestionar. Con los ojos de quien no se murió en el auge de momento, sino de quien se dio a sí mismo la oportunidad de releer sus propios pensamientos y analizarlos con el corazón en paz... y reír, o llorar, pero entender.
Dale tiempo y espacio a este necio, pues creció en desprecio y rechazo hacia cualquier flechazo... dame tiempo y espacio, y dámelo a buen precio.

martes, 5 de abril de 2016

Lo que siento no es traducible

¿Por qué es tan difícil describir lo que sentimos? Porque quizás no sea descriptible. Podemos intentar transmitirlo, pero ¿cuántas veces lo logramos? No es lo mismo pensar que sentir. El sentir es más profundo, carece de forma, carece de un significado único. Todo se transforma porque no hay nada cierto, no existen ni los verdaderos límites en cuanto a ser se refiere.
Lo que siento es así ahora, si le doy un nombre le estoy poniendo un límite. Y deja de ser lo inicial. Porque no empecé a sentir en base a una idea, simplemente sentí y no pensé. Me siento incapaz de describirlo por esta misma razón. Porque se siente y listo.
Debería existir una especie de puente mental de persona a persona, para que me entiendan desde adentro, desde la nada, desde lo informe... eso sería realmente puro y verdadero. Sería la única manera de que quizás me comprendan. Y si así y todo está en duda, imaginen hasta dónde siento que van a llegar estas palabras... Probablemente a ningún lado, a casi ningún nadie. Probablemente pocos se hayan sumergido en esta lectura, probablemente pocos la hayan considerado interesante como para haber llegado hasta acá.
Simplemente me siento fuera de lugar. A veces un poco loca. A veces demasiado cuerda... o quizás ni siquiera esté segura de saber cómo me siento. Y no sé si eso es lo más normal o lo mejor. Porque entendí que si me defino, me limito. Y no quiero limitarme ni cerrarme ninguna posibilidad. No quiero decir que soy así, porque me estaría negando a mí misma la posibilidad de ser asá. De todas maneras, ¿ante quién me estaría definiendo? Ante alguien externo a mí. Y son las otras mentes las que me hacen pensar en ciertas cuestiones. Porque no sé si me siguen, no sé si parezco chiflada, no sé si seré una densa. Sé que si no existiera nadie, no tendría estos planteos. Pero no vivo sola en el mundo, tengo afectos y relaciones. ¿Y qué les puedo decir cuando me vienen a pedir un consejo? Que vivan el presente. Que no se rayen, que esa voz que les dice cosas feas no son ellos. Que su esencia más significativa poco tiene que ver con esa negatividad que los ahoga. Que no sirve de nada preocuparse por nada que no sea el ahora. Porque si un problema tiene solución, caer en un estado de ansiedad por esperarla, sólo genera sufrimiento. Porque no tenemos evidencia del tiempo, y el futuro no es más que imaginación. Porque todo es imaginación en el fondo, y según cómo decidimos percibir, así lo haremos. No sé si todos tendremos el poder de crear una realidad  "perfecta" pero sí podemos elegir cómo percibir la que nos acompaña.
Cuando toda nuestra atención se halla en este instante presente, todo lo demás desaparece. Si leés mis palabras ya sea en voz alta o en voz baja, con la única intención de concentrarte en ellas, no estarías pensando en ninguna otra cosa que pudiera haber estado doliéndote o preocupándote. ¿Qué pasaría si hicieras eso en cada una de tus acciones diarias? Lo mismo que ahora. Sólo serías vos y tu actividad. Por eso recomiendo tanto la meditación, porque algo tan simple como concentrarte en tu propia respiración, aleja tu mente de cualquier otro pensamiento.
Pero a veces siento que nadie me cree. Me siento una tonta, una inconsciente. Una desubicada. Porque parece que en este mundo tenés que pensar en tu futuro y tenerle miedo. Tenés que pensar en tu condena de vida. En la plata, en dar una buena imagen, en encontrar una pareja, en establecerte como persona. En estudiar, en mantener tu cabeza ocupada en algo que te genere estrés, pero eh, que al menos te trae un beneficio económico o psicológico, siempre momentáneo. Siempre insuficiente. Porque no se termina en un mes de trabajo y un sueldo sustancioso. Ni en un parcial aprobado. Siempre vas a querer más.
¿Cómo no voy a sentirme fuera de lugar? A mí esas cosas no me importan. No necesito de eso para ser feliz. Por supuesto que me fascina estudiar y aprender, y entiendo perfectamente que es necesario trabajar. Pero mis gozos pasan por otro lado. Pasan por disfrutar de lo que hago, no por exasperarme por alcanzar una meta. Por eso nunca hago nada que no quiera, como estudiar algo que no quiero sólo por no estar en mi casa sola conmigo misma. O para que mamá tenga qué contarle a las amigas. O para poder ponerlo en mi dudoso CV.
No me extrañaría que cualquiera pensara que mi vida es una mierda. Pero sería su concepto. Porque tenemos diferentes maneras de entender una vida plena.
Mi plenitud pasa por disfrutar de cada actividad que se me presenta en la vida. Podría estar lamentándome y culpando a la suerte por no conseguir un trabajo que me permita acceder a los estudios. Podría perfectamente victimizarme de mi situación y alimentar una depresión por no soportarme sin someterme a ninguna presión social. Sin embargo tengo la capacidad de elegir estar presente en mis placeres actuales, hasta que lleguen otros y así sucesivamente.
Si dejo que esa mala voz me persuada, puedo convencerme de que mi vida sí es una mierda. Porque si busco, encuentro mil motivos para sentirme desgraciada. Pero yo reconozco esa voz. La re contra re conozco. Es por eso que no la puedo dejar pasar ni formar parte de mí, justamente porque tomé consciencia sobre ella y una vez alcanzado este punto, no me puedo hacer la tonta. Sería tonta si me dejara amedrentar por mí misma, única dueña de mi vida.
Pero no sé cómo explicarlo, no sé cómo demostrarlo. Y ahí volvemos al punto inicial: yo lo entiendo porque lo siento dentro mío. Por dentro me recorre la satisfacción de saberme feliz a pesar del desacuerdo que pueda tener con lo que pase a mi alrededor. Lo que siento no es traducible, dijo Javier Ibarra.
Me hace sentir loca tener este mundo interno tan agradable y no saber cómo hacérselo llegar a los demás. Presiento que nadie me va a soportar jamás por estas razones. Ya sea porque mis intereses no parecen llevarnos a ningún lado o porque les resulte utópico y hasta ridículo. Siento las probabilidades de una soledad que quizás ni siquiera resulte un problema, porque nada es un problema si no querés que lo sea. Y ya estamos otra vez: es un sinfín de ideas simples que yacen en mí y me facilitan la existencia... aunque no parezca.