viernes, 29 de abril de 2016
Instinto Animal @Zpu / #FelizDíaDelAnimal
miércoles, 20 de abril de 2016
jueves, 7 de abril de 2016
martes, 5 de abril de 2016
Lo que siento no es traducible
¿Por qué es tan difícil describir lo que sentimos? Porque quizás no sea descriptible. Podemos intentar transmitirlo, pero ¿cuántas veces lo logramos? No es lo mismo pensar que sentir. El sentir es más profundo, carece de forma, carece de un significado único. Todo se transforma porque no hay nada cierto, no existen ni los verdaderos límites en cuanto a ser se refiere.
Lo que siento es así ahora, si le doy un nombre le estoy poniendo un límite. Y deja de ser lo inicial. Porque no empecé a sentir en base a una idea, simplemente sentí y no pensé. Me siento incapaz de describirlo por esta misma razón. Porque se siente y listo.
Debería existir una especie de puente mental de persona a persona, para que me entiendan desde adentro, desde la nada, desde lo informe... eso sería realmente puro y verdadero. Sería la única manera de que quizás me comprendan. Y si así y todo está en duda, imaginen hasta dónde siento que van a llegar estas palabras... Probablemente a ningún lado, a casi ningún nadie. Probablemente pocos se hayan sumergido en esta lectura, probablemente pocos la hayan considerado interesante como para haber llegado hasta acá.
Simplemente me siento fuera de lugar. A veces un poco loca. A veces demasiado cuerda... o quizás ni siquiera esté segura de saber cómo me siento. Y no sé si eso es lo más normal o lo mejor. Porque entendí que si me defino, me limito. Y no quiero limitarme ni cerrarme ninguna posibilidad. No quiero decir que soy así, porque me estaría negando a mí misma la posibilidad de ser asá. De todas maneras, ¿ante quién me estaría definiendo? Ante alguien externo a mí. Y son las otras mentes las que me hacen pensar en ciertas cuestiones. Porque no sé si me siguen, no sé si parezco chiflada, no sé si seré una densa. Sé que si no existiera nadie, no tendría estos planteos. Pero no vivo sola en el mundo, tengo afectos y relaciones. ¿Y qué les puedo decir cuando me vienen a pedir un consejo? Que vivan el presente. Que no se rayen, que esa voz que les dice cosas feas no son ellos. Que su esencia más significativa poco tiene que ver con esa negatividad que los ahoga. Que no sirve de nada preocuparse por nada que no sea el ahora. Porque si un problema tiene solución, caer en un estado de ansiedad por esperarla, sólo genera sufrimiento. Porque no tenemos evidencia del tiempo, y el futuro no es más que imaginación. Porque todo es imaginación en el fondo, y según cómo decidimos percibir, así lo haremos. No sé si todos tendremos el poder de crear una realidad "perfecta" pero sí podemos elegir cómo percibir la que nos acompaña.
Cuando toda nuestra atención se halla en este instante presente, todo lo demás desaparece. Si leés mis palabras ya sea en voz alta o en voz baja, con la única intención de concentrarte en ellas, no estarías pensando en ninguna otra cosa que pudiera haber estado doliéndote o preocupándote. ¿Qué pasaría si hicieras eso en cada una de tus acciones diarias? Lo mismo que ahora. Sólo serías vos y tu actividad. Por eso recomiendo tanto la meditación, porque algo tan simple como concentrarte en tu propia respiración, aleja tu mente de cualquier otro pensamiento.
Pero a veces siento que nadie me cree. Me siento una tonta, una inconsciente. Una desubicada. Porque parece que en este mundo tenés que pensar en tu futuro y tenerle miedo. Tenés que pensar en tu condena de vida. En la plata, en dar una buena imagen, en encontrar una pareja, en establecerte como persona. En estudiar, en mantener tu cabeza ocupada en algo que te genere estrés, pero eh, que al menos te trae un beneficio económico o psicológico, siempre momentáneo. Siempre insuficiente. Porque no se termina en un mes de trabajo y un sueldo sustancioso. Ni en un parcial aprobado. Siempre vas a querer más.
¿Cómo no voy a sentirme fuera de lugar? A mí esas cosas no me importan. No necesito de eso para ser feliz. Por supuesto que me fascina estudiar y aprender, y entiendo perfectamente que es necesario trabajar. Pero mis gozos pasan por otro lado. Pasan por disfrutar de lo que hago, no por exasperarme por alcanzar una meta. Por eso nunca hago nada que no quiera, como estudiar algo que no quiero sólo por no estar en mi casa sola conmigo misma. O para que mamá tenga qué contarle a las amigas. O para poder ponerlo en mi dudoso CV.
No me extrañaría que cualquiera pensara que mi vida es una mierda. Pero sería su concepto. Porque tenemos diferentes maneras de entender una vida plena.
Mi plenitud pasa por disfrutar de cada actividad que se me presenta en la vida. Podría estar lamentándome y culpando a la suerte por no conseguir un trabajo que me permita acceder a los estudios. Podría perfectamente victimizarme de mi situación y alimentar una depresión por no soportarme sin someterme a ninguna presión social. Sin embargo tengo la capacidad de elegir estar presente en mis placeres actuales, hasta que lleguen otros y así sucesivamente.
Si dejo que esa mala voz me persuada, puedo convencerme de que mi vida sí es una mierda. Porque si busco, encuentro mil motivos para sentirme desgraciada. Pero yo reconozco esa voz. La re contra re conozco. Es por eso que no la puedo dejar pasar ni formar parte de mí, justamente porque tomé consciencia sobre ella y una vez alcanzado este punto, no me puedo hacer la tonta. Sería tonta si me dejara amedrentar por mí misma, única dueña de mi vida.
Pero no sé cómo explicarlo, no sé cómo demostrarlo. Y ahí volvemos al punto inicial: yo lo entiendo porque lo siento dentro mío. Por dentro me recorre la satisfacción de saberme feliz a pesar del desacuerdo que pueda tener con lo que pase a mi alrededor. Lo que siento no es traducible, dijo Javier Ibarra.
Me hace sentir loca tener este mundo interno tan agradable y no saber cómo hacérselo llegar a los demás. Presiento que nadie me va a soportar jamás por estas razones. Ya sea porque mis intereses no parecen llevarnos a ningún lado o porque les resulte utópico y hasta ridículo. Siento las probabilidades de una soledad que quizás ni siquiera resulte un problema, porque nada es un problema si no querés que lo sea. Y ya estamos otra vez: es un sinfín de ideas simples que yacen en mí y me facilitan la existencia... aunque no parezca.