martes, 31 de marzo de 2020

A h o r a

Tanto apuro para terminar quedándome donde estoy, manchando de impaciencia e incertidumbre el mismo presente que enjuago con dudas.
Y todo por querer responder preguntas que ni siquiera fueron formuladas.



Florencia



"Si adelanté no me hagas caso, a veces no puedo con la soledad"
Reviso mis notas y en todas estás vos, explícito o latente.
Frases desparejas, desprolijas y desesperadas por un adiós, un adiós que nunca llegó y que las veces que asomó se mostró interminable.
Siempre abstracto, informe e indescriptible, aunque no importe cómo sino cuando, y ese cuándo es todo el tiempo.
Nunca pudimos pensarnos ordenados porque siempre deshicimos lo que no llegamos a construir.
Me leía inocente, dirigiéndome a un hipotético vos que nunca se habría detenido a descifrarme.
Van muchos inviernos en los que te pienso.
Van muchos inviernos en los que habitás mi mente.
¿Cuántas veces fui realmente feliz entre tantas estaciones?
¿Cuántas primaveras florecieron?
¿Cuántos infiernos atravesé para que me concedieras un día de tus dulces otoños?

¿Cuántos eclipses llevo sobreviviendo a vos? ¿Qué es sobrevivir frente a un universo de oportunidades? Una nimiedad. Sobrevivir es consumirme ante el fuego de tu desamor.
Sobrevivir es perecer. Enceguecer. ¿De qué sirve ese universo si la venda no me deja ver?
Morí un poquito cada día con tu indiferencia, me reduje a cenizas y me fundí en el infinito. Y fundirme fue revivir, porque te fuiste cuando abrí los ojos.
Ahora espero no volver tan siquiera a pestañear.




Florencia, algún 6 de enero, enterrada en un borrador.